
Daniela Luque
Medina Ejecutiva Senior ASG
La conversación sobre electrificación del transporte público suele concentrarse en reducción de emisiones, incorporación de flota y despliegue de infraestructura de carga. Sin embargo, a medida que los proyectos maduran en América Latina, emerge una pregunta más estructural: ¿cómo se gestiona de manera responsable el ciclo completo del activo, desde la manufactura hasta su fin de vida?
Si la transición energética pretende ser sostenible, no puede limitarse a cambiar la tecnología de tracción. Debe abarcar la cadena de valor completa: abastecimiento de materiales críticos, procesos de manufactura, operación, mantenimiento, reutilización y reciclaje. En ese contexto, la gestión responsable del ciclo de vida deja de ser un componente reputacional y se convierte en una necesidad estratégica de largo plazo.
Del enfoque operativo al enfoque sistémico
Tradicionalmente, la adquisición de buses y sistemas de carga se ha tratado como una decisión técnica y financiera: especificaciones, precio, garantía, disponibilidad. Sin embargo, la evolución internacional —incluyendo lineamientos impulsados por organismos como las Naciones Unidas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, y el Marco Social y Ambiental del Inter-American Development Bank— ha ampliado el foco hacia criterios ambientales, sociales y de gobernanza que, cada vez más, hacen parte de un desarrollo lógico y esencial en toda la cadena de suministro.
Hoy en día, la presión regulatoria y contractual no se limita a las emisiones en operación o a los sistemas de transporte limpio. Cada vez más, los marcos normativos y financieros exigen trazabilidad de materiales críticos, evaluación de riesgos en la cadena de abastecimiento y estrategias claras para el manejo de baterías al final de su vida útil. Los lineamientos trazados por el Convenio de Basilea, las directrices y guías de la OCDE para las empresas, los estándares del IFC en materia social y ambiental, y los lineamientos de la International Energy Agency, son un punto de partida, pero una aproximación estratégica y responsable exige ir más allá. Anticiparse a estas exigencias no es solo una práctica responsable, es también una ventaja competitiva y un esfuerzo robusto por cerrar el ciclo para ser realmente sostenibles.
Cerrar el ciclo: del origen del bus a la segunda vida del activo
Desde VGMobility ofrecemos un activo responsable con el entorno, asegurando a nuestros clientes un compromiso serio en sostenibilidad. Esto implica, gestionar responsablemente el ciclo de vida en tres momentos clave:
- Fase de manufactura (pre-operativa)
Antes de que el bus entre en operación, ya se ha definido gran parte de su impacto ambiental y social. Implementar procesos de debida diligencia sobre nuestros proveedores estratégicos permite evaluar prácticas de circularidad, trazabilidad de materiales críticos y eficiencia energética en instalaciones productivas.
En experiencias recientes sobre la implementación de estos procesos para nuestros proyectos, la aplicación de una debida diligencia técnica y de sostenibilidad nos ha permitido verificar que determinados fabricantes cuentan con prácticas de reciclaje superiores al 93% en baterías y materiales críticos asociados, certificaciones relacionadas con eficiencia energética y gestión ambiental en sus plantas de producción, además de estándares en asuntos sociales y ambientales, incluyendo salud y seguridad en el trabajo, aplicables a su propia cadena de suministro. Este tipo de verificación no solo mitiga riesgos reputacionales fortalece la posición contractual frente al proveedor y nos permite asegurar un producto sostenible para nuestros clientes.
- Fase operativa.
Durante la operación, la sostenibilidad se traduce en gestión adecuada de activos, mantenimiento preventivo, monitoreo del estado de salud de baterías (SOH) y optimización del uso energético a través de un acompañamiento técnico a nuestros clientes durante todo su ciclo de vida. Aquí la responsabilidad no es solo ambiental, sino también financiera: una gestión inadecuada acelera la degradación y compromete la sostenibilidad financiera del proyecto. - Fin de vida y segunda vida.
El mayor desafío estructural en América Latina hoy no está en la compra del bus, sino en la planificación de su segunda vida. Identificar aliados técnicos y soluciones de mercado para reutilización o reciclaje de baterías sigue siendo un terreno en construcción en la región. Sin acuerdos tempranos y lineamientos claros, el riesgo es trasladar la incertidumbre al final del proyecto.
Cerrar el ciclo significa definir, desde el inicio, cómo se gestionará la batería cuando pierda capacidad para uso vehicular: reutilización en almacenamiento estacionario, reacondicionamiento o reciclaje. La ausencia de esta estrategia no solo genera riesgo ambiental; introduce pasivos financieros futuros difíciles de cuantificar.
Dificultades sistémicas en la implementación
Adoptar un enfoque integral de cadena de suministro responsable enfrenta obstáculos concretos:
- Limitada oferta regional de soluciones de segunda vida. El mercado latinoamericano aún está desarrollando capacidades industriales para el tratamiento avanzado de baterías.
- Acceso a la trazabilidad de materiales críticos. La información de minerales estratégicos hace parte de la cadena de suministro de los fabricantes, sobre la cual no siempre existe información completa, homogénea o accesible, lo que limita su trazabilidad y control.
- Capacidades internas. Impulsar la circularidad a lo largo de todo el ciclo de vida de los proyectos de electromovilidad se construye con el fortalecimiento continuo de capacidades técnicas y procesos estructurados, desde la negociación, durante la operación y mantenimiento del activo, hasta el cierre del proyecto con soluciones técnicas escalables.
- Condiciones contractuales tradicionales. Muchos contratos de adquisición no incorporan cláusulas específicas sobre reciclaje, trazabilidad o responsabilidades post-operativas. Integrar desde el inicio condiciones que aseguren una adecuada gestión y permitan evaluar alternativas de utilización con impacto positivo al final de su primera vida útil es fundamental.
Superar estas barreras implica fortalecer capacidades internas y redefinir la relación con proveedores estratégicos. La debida diligencia deja de ser un ejercicio documental para convertirse en una herramienta de negociación y un esfuerzo por materializar proyectos con impacto.
De cumplimiento a ventaja competitiva
La gestión responsable del ciclo de vida no debe entenderse como un costo adicional, sino como un mecanismo para mejorar las condiciones del negocio y reducir riesgos futuros.
Cuando un integrador de soluciones de transporte sostenible como VGMobility evalúa trazabilidad, prácticas de circularidad, prácticas industriales social y ambientalmente sostenibles, y certificaciones ambientales en la manufactura, eleva el estándar de negociación. Esto puede traducirse en:
- Mejores condiciones de negociación de los activos.
- Mayor claridad sobre responsabilidades en el fin de vida.
- Mayor transparencia en la cadena de suministro.
- Mejor posicionamiento frente a financiadores y clientes.
En un entorno donde los financiadores y actores institucionales integran cada vez más criterios de sostenibilidad en sus decisiones, la capacidad de demostrar control sobre la cadena de valor y las estrategias responsables al final de los proyectos se convierte en un activo estratégico.
Hacia una electrificación verdaderamente sostenible
La electrificación del transporte público en América Latina avanza con rapidez, pero sus consecuencias –positivas o negativas- dependerá de la madurez con la que se gestionen los activos estratégicos. No se trata únicamente de cuántos buses eléctricos se incorporan, sino de cómo se producen, cómo se operan y cómo se reintegran al sistema económico al final de su vida útil.
Cerrar el ciclo de la cadena de valor —desde la manufactura hasta la segunda vida— es una decisión de largo plazo. Exige debida diligencia técnica, fortalecimiento de capacidades internas, identificación temprana de aliados y una evolución contractual que refleje responsabilidades claras.
La transición energética no será sostenible si se limita a la fase operativa. Será sostenible cuando el ciclo completo del activo esté diseñado bajo principios de responsabilidad, trazabilidad y circularidad. Ese es el siguiente estándar que definirá el liderazgo en la electrificación del transporte en la región.


