
John Díaz Camargo
Ejecutivo de Gestión de Activos
En la electrificación del transporte público, la eficiencia energética suele interpretarse como una característica inherente al vehículo o, en el mejor de los casos, como un resultado directo de la operación. Sin embargo, en la práctica, su desempeño real responde a una dimensión más amplia: la capacidad de gestionar el activo de manera integral a lo largo de su ciclo de vida.
Desde una perspectiva técnica, la eficiencia energética —entendida como la capacidad de administrar la energía almacenada en baterías de alto voltaje con el fin de optimizar al máximo el consumo de energía— no depende exclusivamente del bus ni del operador. Es el resultado de múltiples variables que deben ser anticipadas, monitoreadas y ajustadas de forma continua. En este contexto, el rol de la gestión de activos adquiere una relevancia estructural, al actuar como el puente entre el diseño del proyecto, la operación y el desempeño esperado.
La eficiencia energética como variable de diseño y no solo de operación
Uno de los principales desafíos en proyectos de electromovilidad es la brecha entre la eficiencia proyectada y la eficiencia real en operación. Esta diferencia suele originarse en una subestimación de las condiciones específicas en las que el activo va a operar.
Factores como la topografía de las rutas, los ciclos de operación y la variabilidad en la ocupación del bus tienen un impacto directo sobre el consumo energético. Desde una perspectiva de gestión de activos, esto implica que la asignación del vehículo a una ruta no puede basarse únicamente en especificaciones técnicas generales, sino en una validación detallada de la capacidad de almacenamiento frente a las exigencias reales del servicio.
En otras palabras, la eficiencia energética no se “optimiza” únicamente durante la operación; se define, en gran medida, desde la estructuración técnica del proyecto.
Gestión de baterías: preservar valor en el tiempo
En sistemas eléctricos, la batería concentra una parte significativa del valor del activo. Su desempeño no solo condiciona la autonomía del vehículo, sino también su viabilidad económica a lo largo del tiempo.
Desde la gestión de activos, el seguimiento de las recomendaciones del fabricante —incluyendo prácticas de carga y descarga, balanceo de celdas y monitoreo periódico del sistema— es fundamental para asegurar una degradación controlada. No se trata únicamente de cumplir lineamientos técnicos, sino de preservar la capacidad de almacenamiento y evitar desviaciones frente a los supuestos financieros del proyecto.
La ausencia de una supervisión estructurada en este frente puede derivar en pérdidas energéticas acumulativas, reducción de la vida útil de la batería y, en última instancia, en un incremento no previsto de los costos de reposición.
La conducción como variable gestionada
Si bien la conducción es responsabilidad directa del operador, su impacto en la eficiencia energética trasciende la operación individual del bus. Desde la gestión de activos, es posible identificar patrones de comportamiento que afectan el consumo energético y establecer lineamientos para su optimización.
Prácticas como la aceleración progresiva, el uso adecuado del frenado regenerativo y la anticipación en la conducción permiten mejorar la eficiencia sin necesidad de inversiones adicionales. En este sentido, la eficiencia energética no depende únicamente de la pericia individual del conductor, sino de la capacidad del sistema para estandarizar y monitorear buenas prácticas operativas.
De la eficiencia teórica a la eficiencia gestionada
La diferencia entre el desempeño esperado y el desempeño real en proyectos de buses eléctricos suele estar asociada a la capacidad de gestión del activo. La eficiencia energética no es un valor fijo definido en una ficha técnica, sino una variable dinámica que requiere seguimiento continuo.
Desde esta perspectiva, la gestión de activos cumple un rol clave al:
- Validar la adecuación técnica del bus frente a las condiciones de operación.
- Supervisar el cumplimiento de buenas prácticas en la gestión de baterías.
- Analizar el comportamiento energético del sistema a lo largo del tiempo.
- Acompañar al operador en la implementación de mejoras operativas.
Este enfoque permite transformar la eficiencia energética de un concepto teórico a un indicador gestionado, alineado con los objetivos técnicos y financieros del proyecto.
La eficiencia como resultado de una gestión integral
En el contexto actual de la electromovilidad en América Latina, alcanzar niveles óptimos de eficiencia energética no depende únicamente de la calidad de la tecnología ni de la ejecución operativa. Depende, en gran medida, de la capacidad de articular estas dimensiones bajo un enfoque de gestión de activos.
El rol de actores especializados en la estructuración y gestión de proyectos no es sustituir la operación, sino acompañarla con herramientas técnicas, analíticas y de seguimiento que permitan maximizar el desempeño del sistema.
En última instancia, la eficiencia energética deja de ser una variable aislada y se convierte en un reflejo de la madurez del proyecto. Aquellos sistemas que logran gestionarla de manera consistente no solo optimizan su consumo energético, sino que también aseguran la sostenibilidad técnica y financiera de sus activos en el largo plazo.


